Centenaria, de carácter familiar y con la cuarta generación incorporada a sus filas, Sobaos Serafina lleva décadas haciendo del sobao su seña de identidad dentro y fuera de su Cantabria natal. Sin renunciar a la receta tradicional de cuando empezaron, en los albores del siglo XX, la compañía ha sabido incorporar la robotización a buena parte de su proceso productivo para asegurar la pervivencia de un producto que es deleite para miles de paladares, y que cuenta con el reconocimiento de la IGP Sobao Pasiego. Con el fin de transmitir su saber hacer, la firma ha puesto en marcha una escuela donde imparte talleres con los que sigue sumando adeptos a la causa de defender un producto muy cántabro, cuyo aroma y sabor forman parte de los pilares gastronómicos de la infancia en la que se enraízan las vidas de muchos de nosotros, ya adultos.
Las raíces de Sobaos Serafina llegan muy atrás en el tiempo, hasta 1915, cuando la primera generación de esta familia decidió apostar por la elaboración del sobao cántabro en Vega de Pas, su pueblo de nacimiento.
“Mi abuelo empezó trabajando en una panadería, pero después de hacer la mili decidió que se casaría y montaría la suya propia para hacer en ella pan y, en ocasión de las fiestas o como opción de regalo, algunos sobaos. Así empezó todo”, cuenta a Huella Adolfo Gómez Diego, tercera generación de esa saga y nieto por tanto de aquel visionario.
Más allá de Vega de Pas
Aquella panadería aguantó el devenir de la historia de la casi totalidad de la mitad de la primera parte del siglo XX español. En 1947 fueron los hijos de aquel matrimonio quienes se hicieron cargo del negocio familiar, y se atrevieron a vender una pequeña parte de los sobaos que elaboraban más allá de su panadería y su pueblo.
“Mis padres empezaron a vender los sobaos que hacían en algunas cafeterías de Santander, primero, y en algunas pequeñas cadenas de lo que hoy llamamos supermercados después”, sostiene el que también es hijo de aquella pareja.
Ingenio emprendedor
El carácter emprendedor de la familia -tenían la panadería, una tienda de ultramarinos y un almacén de pienso-, junto a la imperante necesidad de obtener ingresos para pagar la educación de Adolfo y sus hermanos Jesús y José Luis en los Escolapios de Villacarriedo contribuyeron a que aquella pareja diera otro paso al frente.
Ese paso consistió en poner en marcha un obrador ajeno a la panadería para poder asegurar la producción de sobaos de forma continua, y no tener que depender de sólo poder hacerlo cuando hubieran acabado con la producción diaria del pan.
“Llegó un momento en que en el obrador se hacían sobaos todos los días, a razón de unos 1.000 más o menos. Y aquello coincidió con la llegada del turismo nacional y francés a nuestra zona, especialmente a Laredo y Castro, y con aquellos turistas la demanda de nuestros sobaos se aceleró”, explica Gómez.
“Llegó un momento en que en el obrador se hacían sobaos todos los días, a razón de unos 1.000 más o menos. Y aquello coincidió con la llegada del turismo nacional y francés a nuestra zona".
Adolfo Gómez Diego, 3ª generación Sobaos Serafina
Desembarco en las marismas santanderinas
Fue así como empezaron a fraguar la idea de dejar Vega de Pas y trasladarse a Santander para que su producción creciera. Lo hicieron, pero a fuego lento y no hasta 1979.
“Cuando yo estaba estudiando la carrera, en la familia decidimos comprar un terreno de 1.000 metros cuadrados en el Polígono Industrial de Raos, muy cerca del aeropuerto de Santander. ¡Un terreno que en aquellos primeros años de los setenta todavía era una marisma a la que iban ganando terreno con sacos de tierra! ¡Recuerdo que cuando fuimos a ver el terreno mi madre llevaba puestas unas katiuskas para no inundarse los pies, y a mi padre diciendo que aquello no iba a dar de comer ni a una oveja! Pero se lanzó, nos lanzamos, y ¡ahí estamos!”, recuerda Adolfo con emoción.
Cuando éste acabó la carrera, cumplió con su servicio militar, haciéndolo coincidir con su quinto año de estudios, y se casó, aquel terreno acogió las nuevas instalaciones de Sobaos Serafina.
“Empezamos mis dos hermanos y yo, porque mis padres se quedaron en Vega de Pas con la panadería, y poco a poco fuimos contratando gente y ampliando nuestro espacio hasta los 5.000 metros cuadrados que tenemos hoy”, explica.
Producción manual y artesanal
Con más de 70 personas trabajando en la compañía, Sobaos Serafina es un ejemplo de cómo una producción manual y artesanal puede ir automatizándose y robotizándose sin que el producto pierda su esencia.
“Fuimos metiendo máquinas porque en nuestros inicios en Santander, con una producción de unos 30.000 sobaos diarios, lo hacíamos todo a mano, y cuando digo todo es todo: cascábamos los huevos, amasábamos a mano, añadíamos a mano la mantequilla y el azúcar a los huevos, hacíamos lo mismo con la harina y el impulsor, ¡qué años!”, recuerda.
Hoy, unas cuantas décadas después de aquella proeza, Adolfo Gómez cuenta con orgullo cómo en 1964 el negocio familiar contó con una primera máquina que les ayudó a semi automatizar parte del proceso productivo. En 1966 contarían con una llenadora y en 1969 con otra máquina que les permitió poner “los gorritos” (los papeles que envuelven) a los sobaos.
Pioneros en su rama
“Fuimos los primeros en empaquetar los sobaos como se venden ahora, con ese papelito a su alrededor en su base y laterales. Fuimos pioneros en muchas cosas, pero sobre todo hemos sido una familia de currantes”, apostilla.
La perseverancia y el esfuerzo de Adolfo y su familia hicieron que las ventas de sus sobaos traspasaran otro límite, esta vez el de la provincia para llegar a León, Burgos y Madrid, y con furgoneta y vendedor propio conquistar nuevos puntos de venta, hasta que la llegada de los distribuidores propició que la demanda de sus sobaos subiera de nuevo de nivel.
La confianza de Alcampo
Y así fue como la familia decidió empezar a fabricar sobaos para algunas marcas de distribución que confiaron en su receta tradicional para ofrecer ese producto tan cántabro a los consumidores de toda España.
Uno de aquellos distribuidores fue Alcampo que ya había vendido con anterioridad en sus tiendas los sobaos de Sobaos Serafina baja esa misma marca.
“Con Alcampo empezamos vendiendo nuestros Sobaos Serafina y luego, en 2007, continuamos estrechando esa relación con la venta de nuestros sobaos en sus tiendas bajo la marca Auchan. Gracias a la defensa que Alcampo hace de nuestros productos hemos conseguido llegar a millones de hogares de toda España y llevar al sobao cántabro del norte de la península al sur, este y oeste”, explica con orgullo Adolfo.
"Fuimos los primeros en empaquetar los sobaos como se venden ahora, con ese papelito a su alrededor en su base y laterales. Fuimos pioneros en muchas cosas, pero sobre todo hemos sido una familia de currantes".
Adolfo Gómez Diego, 3ª generación Sobaos Serafina
Sobaos con la IGP Sobao Pasiego
Actualmente, Alcampo vende en sus tiendas bajo la marca Serafina los sobaos que la compañía elabora y diferenciados por la Indicación Geográfica Protegida (IGP) de Sobao Pasiego. “No hay ningún producto de bollería que tenga mejor fórmula de pastelería que éste, porque el equilibrio que hay entre sus ingredientes, huevo, azúcar y harina, es el perfecto”, argumenta.
“Sobaos Serafina cuenta con muchos de los valores que defendemos y buscamos en Alcampo. Es una empresa familiar que lleva décadas elaborando con rigor y cariño un producto muy propio a nuestro recetario como es el sobao”, dice por su parte, Pablo Jiménez, director regional de Alcampo para Cantabria , Asturias, Galicia y País Vasco . “Vender sobaos con la IGP Sobao Pasiego coincide con nuestra filosofía de apostar por alimentos que tienen su carácter y su personalidad, que son únicos y que son de nuestra tierra. Su elaboración permite que esta empresa siga ofreciendo puestos de trabajo estables y de calidad”, matiza Jiménez.
Además de los sobaos de la marca Serafina, Alcampo vende en sus tiendas y bajo su marca Auchan quesadas, mantecados y mojicones (una variedad de magdalena) de Sobaos Serafina. “Hemos ido a más y eso nos da fuerzas para seguir adelante y apostar por un producto tan noble como es el sobao cántabro”, dice Adolfo.
Escuela-taller: el traspaso del conocimiento
Con la cuarta generación ya trabajando en la firma, Adolfo explica que gracias a ese espíritu emprendedor e innovador que llevan en sus genes, la compañía ha puesto en marcha una escuela donde imparten talleres para enseñar a grupos de niños y adultos que así lo quieran cómo se hace el sobao y cómo se hacía.
“Claro que queremos crecer, aumentar nuestra producción, porque tenemos capacidad para hacer más de un millón diarios de sobaos, y nuestras exportaciones (hoy concentradas en Bélgica, Francia y Portugal), pero por encima de todo queremos mantener la calidad de lo que hacemos, y transmitir a las futuras generaciones que productos como nuestros sobaos hace que seamos lo que somos, y que mis abuelos y mis padres, que ya no están con nosotros desde hace años, puedan sentirse muy orgullosos de todo lo que hicieron para que nosotros podamos seguir sumando hitos a nuestra historia, que por supuesto es la suya”, concluye.
“Vender sobaos con la IGP Sobao Pasiego coincide con nuestra filosofía de apostar por alimentos que tienen su carácter y su personalidad, que son únicos y que son de nuestra tierra".
Pablo Jiménez, director regional de Alcampo para Cantabria , Asturias, Galicia y País Vasco