Cultivadas en el valle del Ebro por Finca la Noguera, Moliclara, S.L., en manos ahora de su tercera generación, estas nueces han dado a las tierras aragonesas una nueva oportunidad para demostrar que su suelo y su entorno están vivos. También han dado a la economía de la región un nuevo acicate para su crecimiento y a sus productores la satisfacción de ver que en nuestro país sí se puede producir nuez, y además de calidad y con mucho mimo en un entorno natural donde se protege la flora y la fauna de su ecosistema. Esta apuesta por el cultivo de la naturaleza ha recibido el aplauso y la admiración de los consumidores y de empresas que, como Alcampo, han decidido vender las nueces de Moliclara en sus tiendas.
Nueces que deben su existencia a la valentía y a la apuesta por la innovación y la diversificación de Marc Ferrán y de su familia, quienes tras décadas cultivando cereal y frutas frescas y cuidando de sus viñas para la elaboración de vinos, en 2016 apostaron por plantar en sus tierras del Valle del Cinca en Aragón sus primeros nogales.
El clima, aliado del cultivo de la nuez
“Nunca entendimos por qué España, pionera en el cultivo de frutas frescas, no lo era en el de la nuez. Por eso y porque llevamos en el ADN el cuidado de nuestro entorno hace siete años decidimos plantar 15 hectáreas de nogales para ver qué nueces daban. Creíamos que en nuestra zona donde hace frío en invierno, calor en verano y hay agua tenía mucho sentido intentarlo”, explica a Huella Marc Ferrán, gerente de Moliclara.
Acertaron. A esas primeras 15 hectáreas del primer año, la familia sumó 15 más el segundo año usando parcelas que hasta entonces habían destinado al cultivo del cereal. “Teníamos muy clara nuestra apuesta por la nuez y por diversificar, pero queríamos ir poco a poco para ver si funcionaba. Y funcionó”, matiza.
“Nunca entendimos por qué España, pionera en el cultivo de frutas frescas, no lo era en el de la nuez. Llevamos en el ADN el cuidado de nuestro entorno".
Marc Ferrán, gerente Moliclara
Apuesta por el todo
Al comprobar que sus tierras acogían con gusto aquellas 30 hectáreas de nogales, y que los frutos de aquellos árboles eran de la calidad que esperaban, la familia decidió crear un centro de transformación para que aquellas nueces pudieran ser cuidadas de principio a fin. Fue así cómo hace ahora dos años, la familia decidió convertir una antigua bodega en un almacén donde transformar la nuez.
“El proyecto Moliclara no sólo nació para hacer nueces, sino para hacer nueces de calidad y eso implicaba tener donde lavarlas y secarlas sin prisas y con cuidado”, subraya Marc Ferrán.
Actualmente la compañía cuenta con una plantación de nogales que ocupa 450 hectáreas, y con unas instalaciones cuya superficie asciende a los 6.000 metros cuadrados. Es allí donde las nueces, tras ser cuidadas, regadas y cosechadas en esos campos vecinos, son llevadas para lavarlas, secarlas, calibrarlas y seleccionarlas.
Hay mimo en la elaboración. El proceso de secado es muy delicado porque, según apostilla Marc Ferrán, ha de hacerse de forma muy lenta para que la nuez no se rancie, no cambie de sabor y no pierda sus aceites esenciales.
Producción en crecimiento
Tras la selección y calibrado, la compañía envasa las nueces que van a venderse o las conserva a una temperatura estable de entre 10 y 15 grados todo el año en su almacén, manteniendo el frescor de la nuez y todas sus propiedades esenciales. De esta forma, la empresa ha podido dar respuesta a la creciente demanda que ha ido recibiendo en estos primeros años de producción.
“Hemos conseguido abrir una categoría nueva en el mercado nacional y nuestro objetivo es que poco a poco se puedan reducir las importaciones que tradicionalmente se han hecho de nueces del extranjero”, matiza. Todavía a día de hoy el 70% de la nuez que se consume en España (cifrada en 40 millones de kilos cada año) viene principalmente de Estados Unidos y Chile. Tanta distancia estropea la nuez.
Según los cálculos de Marc Ferrán, la producción de Moliclara SL llegará al millón y medio de kilos este año, muy por encima de los 900.000 que se lograron el pasado ejercicio. Si sus previsiones se cumplen en un horizonte de tres años esa cifra podrá prácticamente triplicarse para superar los cuatro millones de kilos anuales.
"Hay mimo en la elaboración. El proceso de secado es muy delicado porque ha de hacerse de forma muy lenta para que la nuez no se rancie".
Marc Ferrán, gerente Moliclara
Alcampo, el salto a la distribución
Todo un reto para el que trabajan actualmente 55 personas en la compañía, a los que en momentos de pico por la campaña de cosecha y navidad (de mediados de septiembre hasta final de año) se unen unas 20 más. “Estamos muy orgullosos de seguir generando empleo en la región, de seguir siendo un motor para nuestra economía y de ser los proveedores de empresas que como Alcampo han apostado por nuestras nueces”, dice Marc Ferrán.
La relación de Moliclara SL con Alcampo empezó en 2022, cuando sus nueces empezaron a venderse en las tiendas de firma de distribución bajo la marca Auchan en redecillas de 500 gramos y con cáscara.
“Para nosotros es un orgullo que Alcampo haya confiado en nuestra producción para vender nuestras nueces bajo su marca. Nuestra intención es que esa relación se mantenga en el tiempo y vaya a más”, matiza.
Andreu Soler, ingeniero de desarrollo de Zenalco, central de compras de frutas y hortalizas de Alcampo, asegura, por su parte, que “el cuidado que Moliclara pone en el cultivo de sus nogales y en la transformación de sus nueces va en línea con nuestra filosofía de respetar el entorno natural y apostar por una agricultura que cuide de nuestros ecosistemas defendiendo además el producto hecho en España. Ese mimo por la sostenibilidad y esa apuesta por la innovación nos han unido y estamos muy contentos de poder vender nueces de España hechas de esa forma a nuestros consumidores”.
“El cuidado que Moliclara pone en el cultivo de sus nogales y en la transformación de sus nueces va en línea con nuestra filosofía de respetar el entorno natural y apostar por una agricultura que cuide de nuestros ecosistemas defendiendo además el producto hecho en España".
Andreu Soler, ingeniero de desarrollo de Zenalco
Cuidado de la fauna y flora de su entorno
Esa delicadeza que Moliclara SL tiene con su entorno forma parte del ADN del grupo al que pertenece y del que la familia de Marc Ferrán ha hecho gala desde siempre.
Sus orígenes se remontan a 1950 cuando su bisabuelo Magín Raventós compró una finca en un terreno a caballo entre Lérida y Huesca, donde se abriría el canal de Aragón. “Mi bisabuelo empezó produciendo cereales, y más tarde viñas. Somos una familia que siempre ha estado dedicada al vino, y que poco a poco se abrió a otros sectores en los que sigue operando, como el cultivo de frutas frescas como ciruelas y cerezas”, recuerda.
Y fue Manel Raventós quien imprimió la innovación y el respeto por la naturaleza. “Siempre hemos desarrollado una filosofía de cultivo muy arraigada al territorio. Somos pioneros en la implantación de técnicas de cultivo y regadío con las que ahorrar agua y respetar el medio en el que estamos. Participamos con muchos programas de desarrollo natural y a lo largo de todos estos años hemos conseguido que las zonas húmedas en las que estamos, reconocidas como zonas de protección especial para la fauna, no sean sólo pantanos de donde proveernos de agua, sino zonas donde las aves puedan refugiarse y construir sus nidos”, argumenta.
Proyecto Mittaria
El valle del río Cinca, donde se cultivan los cereales, las frutas y las nueces de la familia, está pegado a la finca San Miguel, la que compró el bisabuelo de Marc Ferrán y donde empezó todo. Es en ella donde tiene lugar el proyecto MITTARIA consagrado al cultivo de la naturaleza y al cuidado del ecosistema.
“Lo nuestro es cultivar, sí, pero cultivar no es sinónimo de devastar. Nos conmueve tener un entorno más natural, queremos tener un suelo y un entorno vivos. Nuestra esencia es favorecer el desarrollo natural de nuestra zona, y para ello hemos replantado árboles autóctonos, haciendo así posible que muchas aves con problemas de hábitat, como las cigüeñas, hayan podido construir en nuestros terrenos sus nidos”.
Tanto es así que la finca San Miguel ha sido declarada ZEPA (zona de especial protección para las aves) al acoger unas 120 especies de aves en la actualidad. Junto a ellas coexisten 24 especies de animales, desde jabalíes hasta erizos pasando por patos, conejos, lagartos o murciélagos. Estos últimos controlan plagas de insectos que afectan al Nogal. Todo retorna.