Molineros desde hace más de un siglo y con el innegociable propósito de hacer una harina natural, sin aditivos, basada en una cuidadosa selección del cereal y molida en un proceso amable. Así es como se definen en Molinos del Duero, una empresa familiar que engloba la historia de dos familias que siempre han defendida la conservación de los aromas y los sabores de siempre en la elaboración de sus harinas. Hoy, Molinos del Duero, es un referente dentro y fuera de su Zamora natal, y su apuesta por la innovación, impulsada actualmente por las harinas germinadas, hacen que esta firma pueda presumir de tener un pasado rico, un presente en constante evolución y un futuro absolutamente prometedor.
Los orígenes de Molinos del Duero se remontan más de 100 años atrás en el tiempo. Las dos familias que en 2007 unieron sus fuerzas para crear lo que hoy son cuentan con historias que han visto el devenir del siglo XX y la transformación de la industria harinera en nuestro país.
Hacer de la necesidad virtud
Por una parte, Molinos del Duero existe gracias a Emilio Colino González, natural de Sanabria y comerciante de profesión, quien en 1917 se armó de valor y compró un molino en la ribera de Almeida de Sayago, en la provincia de Zamora, atreviéndose con la elaboración de la harina.
La fecha no es casualidad. Europa estaba sumida en una larga y sangrante I Guerra Mundial que había convertido a los países neutrales en proveedores de los que estaban en conflicto de productos de primera necesidad, como harinas, aceites, vinos y lanas. Don Emilio supo identificar esa necesidad y hacer de ella virtud.
De la ribera a la ciudad
Vaya si lo hizo. Padre de 12 hijos y casado con la mujer que conoció en uno de aquellos pueblos que visitaba en su etapa de comerciante, Emilio Colino consiguió que su molino fuera a más, lo trasladó desde aquella ribera del río al pueblo para hacer un molino más grande y de piedra, y años después, en 1953, nació Hijos de Emilio Colino González, o lo que es lo mismo, una fábrica de harinas con una molienda con cilindros propia al sistema austrohúngaro.
La historia de este visionario tenía aún muchas páginas por escribir. Con la segunda generación ya incorporada a sus filas, la compañía compró en 1962 La Panera Social, la fábrica de harinas de Zamora capital de donde era socio el otro abuelo, el materno, de Miguel Ángel Colino Blanco, actual administrador de Coperblanc Zamorana S.A., quien ha contado a Huella toda esta historia.
"En 2017 decidimos que teníamos que ser diferentes de nuestros competidores apostando por la elaboración de productos novedosos y saludables".
Miguel Ángel Colino, Administrador de Coperblanc Zamorana S.A.
Cuando la unión hace la fuerza
Después de que en 1989, esta vez coincidiendo con otro hito del Viejo Continente como fue la caída del Muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, Hijos de Emilio Colino añadiese S.A. a su nombre -reconvertido en 2005 en Coperblanc Zamorana-, la familia uniría su fuerza en 2007 a la de los Carbajo, dueños de la reputada empresa Gabino Bobo S.A. y de Carbajo Hermanos que tenía una fábrica de harinas en Cerecinos de Campos.
La asociación de aquellas dos familias y de sus tres fábricas de harina convirtió a la empresa resultante, Molinos del Duero, en todo un referente dentro y fuera de Zamora en la elaboración de harinas.
La innovación como motor diferenciador
Sin embargo, la competencia y las exigencias de los nuevos consumidores hizo que la nueva compañía decidiese, tras unos primeros años de andadura, diferenciarse pero no por precio. “En 2017 decidimos que teníamos que ser diferentes de nuestros competidores apostando por la elaboración de productos novedosos y saludables”, explica Miguel Ángel Colino.
Fue entonces cuando Leticia Álvarez Rodríguez, ingeniera agroalimentaria, pudo incorporarse a la compañía para hacerse responsable de su área de calidad e I+D. “Llegué a Molinos del Duero con la misión de desarrollar productos nuevos con los que desmarcarnos de nuestro sector. Para ello empezamos a colaborar con la Universidad de Valladolid y, en concreto, con Manuel Gómez Pallarés, especialista en cereales. Gracias a su asesoramiento y trabajo conjunto vimos que podíamos empezar a hacer harinas germinadas”, explica la propia Leticia.
"Llegué a Molinos del Duero con la misión de desarrollar productos nuevos con los que desmarcarnos de nuestro sector. Para ello empezamos a colaborar con la Universidad de Valladolid".
Leticia Álvarez Rodríguez, ingeniera agroalimentaria
La creación de Alere Vital
Para llevar a cabo ese proyecto, Coperblanc Zamorana decidió crear entonces, ya en 2018, la marca Alere Vital (alere viene del latín y significa nutrir, alimentar, hacer crecer). No sólo eso. También creó un laboratorio de I+D, una especie de panadería donde experimentar, crear y formar.
“Aquel momento coincidió con un viaje a China en el que participamos para explorar junto con otros productores de Castilla y León opciones de exportación. Allí vimos que, si bien no estaba en su cultura gastronómica la ingesta de pan, las nuevas generaciones sí apostaban por el consumo de panes más saludables. Eso nos dio un nuevo empujón para que Alere Vital se convirtiese en una pata estratégica de nuestra compañía”, matiza Miguel Ángel Colino.
"Nuestra presencia en Alcampo ha ido a más y estamos muy orgullosos de ver cómo nuestra relación se sigue estrechando. Alcampo confía en lo que somos y en lo que hacemos y eso nos hace seguir adelante en nuestro camino para ofrecer diferenciación por innovación y calidad".
Miguel Ángel Colino, Administrador de Coperblanc Zamorana S.A.
Pioneros en harinas germinadas
La harina de Alere Vital, explica Leticia, “es una harina de trigo integral (grano completo) de cultivo ecológico, que ha sido sometido a un proceso de germinación controlada durante un tiempo prolongado para lograr unas características funcionales que aportan un valor diferencial. Tras el proceso de germinación, el grano de trigo germinado completo se moltura en un molino de piedra, y su resultado hace que sea ideal para panadería y repostería”.
Esas harinas, ecológicas y libres de aditivos, son con las que pronto Coperblanc Zamorana reforzará su presencia en Alcampo, donde la compañía está presente desde 2008 “en una relación consolidada y estrecha”, según matiza Colino.
Más de 15 años con Alcampo
Una relación que empezó cuando Alcampo decidió incluir en sus lineales la Harina Zamorana Tradicional de Molinos del Duero, e incorporar después otras harinas especiales de la compañía, como la de espelta, centeno o la integral molida a la piedra. Hay más. Coperblanc Zamorana también vende estas últimas a Alcampo y a granel para que en los obradores de la propia enseña puedan elaborar sus propios panes.
“Nuestra presencia en Alcampo ha ido a más y estamos muy orgullosos de ver cómo nuestra relación se sigue estrechando. Alcampo confía en lo que somos y en lo que hacemos y eso nos hace seguir adelante en nuestro camino para ofrecer diferenciación por innovación y calidad”, dice Colino.
Prueba de esa confianza es la reciente incorporación de tres harinas de la compañía a los lineales de Alcampo bajo su distintivo Cultivamos Lo Bueno. Esas harinas, procedentes de cereales sembrados en parcelas de Zamora y producidas durante todo el año por Coperblanc Zamorana, son harina de trigo molido en molino de piedra, harina de espelta blanca y harina de centeno blanca. Variedades a las que previsiblemente se unirán nuevas referencias en el mercado de ecológicos.
Acicate contra la despoblación
“Esas tres harinas, que cuentan con el sello de garantía de Tierra de Sabor, se comercializan en una bolsa de papel que cuenta con certificación FSC, procedente de bosques de gestión responsable en línea con el compromiso de Alcampo con el medio ambiente”, sostiene Rocío Mercado, responsable de Cultivamos lo Bueno de Alcampo.
“En Alcampo queremos diferenciarnos con productos que ofrezcan sabor y aroma, que tengan controlada su trazabilidad, que estén elaborados en línea con la seguridad alimentaria, que respeten el medio ambiente y ayuden a consolidar proyectos de empresas que fijan población y crean empleo en zonas muy tocadas por la despoblación, como es el caso de Molinos del Duero en la provincia de Zamora”, explica, por su parte, Magdalena Sik, responsable de producto de marca propia de Alcampo.
Molinos del Duero emplea actualmente a 55 personas en sus dos fábricas y cuenta con una producción anual de 30.000 toneladas de harina. Con unas exportaciones aún muy bajas y centradas en Portugal, Suecia, Cuba y México, la compañía vende la mayoría de lo que produce en España y a partes iguales entre la distribución, gracias al respaldo de Alcampo, y las panaderías más artesanales.
Un trasvase del conocimiento
“Elaboramos harinas y las vendemos, y también formamos y asesoramos a nuestros clientes”, apostilla Miguel Ángel Colino. Una formación y un asesoramiento que llevan a cabo con los cursos presenciales que organizan, impartidos por maestros panaderos, y con su escuela online de formación en panadería.
“Queremos transmitir los conocimientos que tenemos para que no se pierdan, para que cada vez haya una mayor apuesta por las harinas de calidad y por los buenos productos panaderos que se pueden hacer cuando la materia prima es buena, y también para que el sector de la panadería esté cada vez más profesionalizado”, apunta.
Nueva generación para asegurar el futuro
Por parte de la familia Carbajo Molinos del Duero ya cuenta con la nueva generación incorporada a la empresa, y por parte de Coperblanc Zamorana Miguel Ángel explica que su hijo, que sería la cuarta generación de esta saga, está actualmente estudiando Ingeniería Agrícola. “Hay continuidad, sí, porque hay pasión por lo que nuestras generaciones previas desarrollaron, por lo que hacemos y por lo que está por llegar”, dice.
“Sabemos que el reto es mantenerse en un sector donde la concentración empresarial es inmensa. En 1970 había en España unas 1600 fábricas de harina, frente a las 81 plantas que hay en la actualidad, y de ésas unas 25 ya están en manos de grupos grandes. Sabemos que nuestra diferenciación es nuestra ventaja competitiva, siempre lo ha sido y siempre lo va a ser”, concluye.