La Hoguera, jamones y embutidos con sabores de antaño

Con unos orígenes que se remontan a los primeros años de la década de los 70 en las tierras altas de Soria, La Hoguera se ha convertido en el último medio siglo en un oasis para la economía y el empleo de su región, en una defensora a ultranza de las opciones del mundo rural y en una empresa que ha sabido recuperar los sabores de antaño en la elaboración de jamones y embutidos de calidad, naturales y sin aditivos. En manos ahora de su segunda generación, la entidad combina tradición, tecnología, innovación e investigación para hacer productos de calidad, cuidar de sus animales y asegurar el presente y el futuro de su comarca, una de las más despobladas de Europa desde hace años.

Luchar contra el éxodo rural que empezó a despoblar las altas tierras de Soria en los años 60 fue de hecho una de las razones que llevaron a Carlos Martínez, junto a sus entonces y ahora socios Marcos Martínez, José Espuelas y Agustín García, a armarse de valor y apostar por la venta de los productos que el primero extraía de los cerdos que tenía su familia. Otra muy poderosa fue creer en la fuerza que los sabores de antaño, de pueblo, de siempre, tendrían en el consumidor del futuro (ahora presente). Y otra más estuvo relacionada con la pasión que sentían y sienten por su pueblo, por San Pedro Manrique, al que quisieron dar un motor económico y social para mantenerlo vivo.

Hoy, 50 años después, Carlos Martínez puede sentirse orgulloso de haber cumplido con sus expectativas tras haber recorrido un camino que, si bien no ha sido siempre fácil, siempre ha estado marcado por la determinación de hacer las cosas bien a base de esfuerzo y pasión.

La Hoguera Carlos Martínez (Presidente y Fundador) con Cerdito Duroc

Un motor contra la despoblación

“Cuando mi padre volvió de la mili a principios de los años 70, más de la mitad de la población de la zona se había marchado a las grandes ciudades en busca de trabajo y oportunidades. En los pueblos apenas había actividad, apenas había opciones, y eso a él le obsesionó hasta el punto de que se hizo la promesa de que no se marcharía, aunque para quedarse tuviera que autoemplearse”, explica a Huella Teo Martínez, hijo de aquel joven recluta, y actual director gerente de la firma.  

Así lo hizo. Carlos Martínez decidió en 1972 pensar en cómo podía generar empleo con los animales que había en la familia. “Tenían burros, caballos y cerdos, y mi padre vio que con la matanza anual y vendiendo lechones se podía ganar dinero, así que se armó de coraje y propuso a tres amigos del pueblo -Marcos, José y Agustín- montar una granja. Los tres aceptaron, les faltaba futuro y les sobraban ganas, y así fue como nació SAT, la Sociedad Agraria Transformadora, con la que arrancaron su proyecto”, sostiene Teo.

“A principios de los años 70, más de la mitad de la población de la zona se había marchado a las grandes ciudades en busca de trabajo y oportunidades".

Empezar desde cero y a fuerza de esfuerzo

Un proyecto que tuvieron que empezar desde cero construyendo ellos mismos y con sus propias manos su primera granja. “Tuvieron que hacer de albañiles para ahorrar dinero y sortear imprevistos muy duros como la llegada de la peste porcina africana a España. Mi padre y sus socios tuvieron que refinanciarse y a punto estuvieron de quebrar en más de una ocasión”, subraya Teo.

Sin embargo, los cuatro amigos lograron sobrevivir a esos años truculentos para ver cómo a finales de los 70 su proyecto remontaba. Fue entonces cuando decidieron dar un paso al frente, montar Embutidos La Hoguera y empezar a contratar gente, dando así la oportunidad a aquellos primeros trabajadores de no abandonar el pueblo y tener un trabajo con el que poder imaginarse una vida para residir en él.

Carlos Martínez con Cerdito Duroc
Pueblo y fábrica La Hoguera

Del sector primario a la industria

Aquel éxito dio a Carlos Martínez y a sus socios la fuerza necesaria para ir más allá en su propósito y, consciente de los problemas que afectaban y afectarían de no hacer nada a la economía de su región, sumar al sector primario, que sí tenían, una industria de transformación para empezar a elaborar productos de alimentación con los que llegar al comercio y a las mesas de los consumidores.

“Embutidos La Hoguera surge en 1986 para generar valor añadido en el mundo rural con una actividad industrial para que el pueblo no muriese. Mi padre siempre ha pensado que en los pueblos si tienes trigo has de hacer pan, y si tienes cerdos, como él y sus socios tenían, había que hacer productos alimentarios. Y así lo hicieron”, explica Martínez.

Los inicios de aquellos primeros productos procesados fueron embutidos y adobados, hasta que en los 90 ya empezaron a hacer jamón, uno de los grandes estandartes de la firma, pese a que el producto estrella de aquella etapa fueron las sartas de chorizo dulce y picante. “Fuimos pioneros en la elaboración de este tipo de productos naturales, sin aditivos añadidos”, matiza nuestro entrevistado.

“Embutidos La Hoguera surge en 1986 para generar valor añadido en el mundo rural con una actividad industrial para que el pueblo no muriese"

Salto a la distribución

Esa mezcla de tradición y vanguardia les ayudó a dar el salto a la distribución. “Fue un acierto apostar por productos de calidad sin aditivos y elaborar con esa filosofía chorizos, salchichones, pancetas…”, sostiene.

Una calidad que La Hoguera ha conseguido controlando todo el proceso productivo y también la alimentación de sus cerdos, a los que nutre con piensos elaborados por la propia compañía.

Las ganas de ir a más, de dar más valor añadido al consumidor y de reforzar su apuesta por su diferenciación fueron los perfectos ingredientes para un perfecto caldo de cultivo con el que La Hoguera siguió avanzando. ¿Cómo? Especializándose en la cría y desarrollo de cerdos de la raza Duroc.

La Hoguera 50 Aniversario Socios.

Apuesta por la raza Duroc

“Mi padre siempre ha estado obsesionado por la calidad de los cerdos, por investigar nuevas razas, por los posibles cruces entre ellas, y después de mucho comparar decidió especializarse en la raza Duroc, cuya calidad y precio es imbatible para el consumidor. Fue así como empezamos a elaborar a partir de animales de esta raza productos naturales que tuvieron una gran aceptación tanto en los super como en los hogares”, recuerda Teo.

Y de esa gran acogida es de donde viene la estrecha relación que La Hoguera mantiene desde hace años con Alcampo. “En Alcampo siempre han visto con muy buenos ojos nuestra forma de cuidar los animales y la calidad de los productos que elaboramos, la sensibilidad que tenemos para lanzar nuevas referencias al mercado y el cuidado que siempre tenemos de nuestro entorno y de nuestro medio rural”, asegura Teo.

Trabajadores de La Hoguera

"Los más de 50 años que llevan apostando por la calidad de sus productos, por el mimo de sus animales y entorno, y por la estabilidad en el empleo de sus trabajadores merecen ser conocidos y reconocidos"

Relación estrecha con Alcampo

“La Hoguera es un perfecto ejemplo de que si se quiere se pueden hacer las cosas muy bien. Los más de 50 años que llevan apostando por la calidad de sus productos, por el mimo de sus animales y entorno, y por la estabilidad en el empleo de sus trabajadores merecen ser conocidos y reconocidos, y es lo que nosotros hacemos en Alcampo, apostando por sus productos y por darlos a conocer”, subraya, por su parte, Daniel Rodríguez, director de Oferta de Productos de Mercado de Alcampo.

Con un nombre que proviene de la tradición que hay en San Pedro Manrique de pisar con los pies descalzos brasas la noche del 23 al 24 de junio, coincidiendo con las festividades de San Juan, La Hoguera está presente en los centros de Alcampo de toda España con productos que llevan su marca y con otros bajo el sello Cultivamos lo Bueno de Alcampo.

Actualmente, Teo señala que La Hoguera comercializa más de una docena de productos en Alcampo, entre los que se encuentran chorizos y salchichones en distintos formatos, lomo y cabecero de lomo, jamones deshuesados y loncheados y paletas, entre otros.

Carlos Martínez con cerdito Duroc

Parte activa de la economía rural

“Hemos conseguido llegar del campo a la mesa y ser dinamizadores sociales y económicos de nuestra región, donde hemos generado más de 100 empleos directos a los que se suman los muchos indirectos de los que somos responsables. Hemos logrado llegar allí donde quería mi padre, y es un orgullo poder decir alto y claro que La Hoguera aglutina importantes hitos en su historia y en su pueblo, San Pedro Manrique”, dice Teo.

Un orgullo que está más que justificado. Y es que este pueblo “ha conseguido tener un centro de salud con urgencias, un polideportivo, una guardería, un colegio donde los niños pueden estudiar hasta los 12 años… y todo ello en una zona rural que podríamos decir inhóspita, teniendo en cuenta que el índice de población es más bajo que en Laponia con menos de un habitante por kilómetro cuadrado. Hemos logrado un pequeño oasis de bienestar en el epicentro de las tierras altas de Soria”, matiza.

“Lo que en un principio era una amenaza, la dificultad de encontrar personal en esta zona, se ha convertido en una oportunidad, porque cuando alguien se instala aquí lo hace para quedarse. Damos trabajo de calidad a familias completas y la media de edad de nuestros trabajadores es de 36 años”, apostilla.

"Lo que en un principio era una amenaza, la dificultad de encontrar personal en esta zona, se ha convertido en una oportunidad, porque cuando alguien se instala aquí lo hace para quedarse".

Instalaciones modernas y sostenibles

La Hoguera cuenta actualmente con tres granjas y una fábrica operativas después de que sus instalaciones hayan vivido varias ampliaciones desde los años ochenta. “Contamos con más de 18.000 metros cuadrados en los que tenemos una sala de despiece, un obrador para embutidos y lomos, secaderos para todo tipo de embutidos y jamones, zona de salazón… Tenemos capacidad para más de 400.000 piezas de jamón y paleta y al año hacemos más de dos millones de kilos de embutidos y lomos”, explica Teo.

Una capacidad que va a ir a más. Y es que la compañía tiene pensada una ampliación de sus instalaciones con más de 3000 metros cuadrados adicionales y la creación de 15 nuevos puestos de trabajo. Además de en España, La Hoguera ya vende en toda Europa, México y Australia. Y todo ello sin perder de vista la sostenibilidad y su afán de cuidar el medioambiente.

“Nuestras granjas tienen calderas de madera para no usar gasoil, y en nuestra fábrica contamos con placas solares con las que obtenemos, de momento, el 20% de la electricidad que necesitamos con la idea de que esto vaya cada vez a más”, explica.

Medio siglo y los deberes hechos

Al frente de la empresa y con una tercera generación que está creciendo, Teo confía en que La Hoguera siga sumando éxitos a su historia.

Una historia que su padre, presidente de la compañía, hoy retirado y con 74 años, contempla con el orgullo y la satisfacción de haber llegado donde quería llegar, de haber hecho bien sus deberes, y de haber dado a su zona la opción de existir y no caer en el olvido.

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