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IGP Ternasco de Aragón, donde la calidad hace la diferencia

La ganadería es desde hace décadas la forma de vida para muchos de los hombres y mujeres que como Esther García Vela la han elegido para quedarse en su tierra y aprovechar los recursos de la zona geográfica de Teruel, donde viven y donde el clima es extremo y la industrialización escasa. Tras varias generaciones consagradas al cuidado de ovejas, la protagonista de estas líneas decidió diferenciarse con la calidad sumándose desde sus inicios a la Indicación Geográfica Protegida Ternasco de Aragón. Su historia es sinónimo de esfuerzo y pasión por sus orígenes.

A sus 37 años Esther García Vela lleva siete dedicada en cuerpo y alma a la ganadería, a la suya propia, porque desde su más tierna infancia su existencia siempre ha estado ligada a la de las ovejas. Hija y nieta de ganaderos, ella es, junto a su hermana, la tercera generación de una familia que siempre ha apostado por la crianza de corderos como un modo de vida en la pedanía de Tortajada, a tan sólo siete kilómetros de Teruel.

“En casa siempre nos han inculcado que la ganadería es una forma de vida que, si bien es cierto te ocupa las 24 horas y los 365 días del año, también lo es que nos ayuda a aprovechar los recursos de nuestra zona, pobre en población y en industria”, explica a Huella.

Tercera generación

Su apuesta definitiva por continuar con el legado de sus padres y abuelos llegó en 2015 cuando tras estudiar Empresariales decidió quedarse en su tierra y hacer lo que siempre había visto hacer, pero con un matiz importante: diferenciarse de sus competidores apostando por la calidad que defiende la Indicación Geográfica Protegida Ternasco de Aragón. Fue así como su andadura ganadera se puso en marcha. En aquel momento contaba con 550 animales, hoy tiene 1900.

“Ganaderos hay muchos, ganaderas cada vez más, y yo tuve claro que si quería abrirme un hueco necesitaba que la calidad fuese lo que caracterizase a mi ganadería. Por eso aposté por unirme a la IGP Ternasco de Aragón teniendo ovejas de la rasa aragonesa (en la IGP también hay ovejas de las razas ojinegra de Teruel, roya bilbilitana, maellana y ansotana).

ESther Carcía VEla 02

Etiquetado sinónimo de garantía

Constituida en Denominación Específica en 1989 y reconocida por la Unión Europea en 1996, la IGP Ternasco de Aragón determina qué criterios han de cumplir los ganaderos y sus reses para acceder y tener su etiqueta a través de un estricto sistema de certificación de producto, acreditado por la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC).

“Formar parte de la IGP Ternasco de Aragón significa que, además del mimo con el que yo hago mi trabajo y con el que cuido y crío a mis animales, mi forma de hacer es controlada por el Consejo Regulador de la IGP, que es sin ninguna duda sinónimo de garantía”, matiza Esther.

Criterios de la IGP Ternasco de Aragón

El peso de la canal de los corderos Ternasco de Aragón oscila entre 8 y 12 kilos, el color de su carne es rosado pero sus beneficios son los propios de las carnes blancas, tienen una vida media de tres meses, su trazabilidad garantiza su origen, y son alimentados en estabulación con leche materna complementada ad libitum con paja blanca y concentrados autorizados, siendo el período mínimo de lactancia de 40 días.

Más adelante los animales se nutren de cereales y piensos vegetales y de pastos de la región, contribuyendo de esta forma a limpiar los campos de la zona y a evitar los incendios de esta área que si es extremadamente fría en invierno también es extremadamente calurosa en verano.

Sostenibilidad y apoyo a la economía rural

“Los ganaderos que formamos parte de la IGP Ternasco de Aragón ayudamos al desarrollo y la permanencia de la economía rural aragonesa, de su cultura y de su medio de vida, manteniendo la población rural, preservando el medio natural, y poniendo nuestro granito de arena a la sostenibilidad. Si el campo no se limpiara por los animales, todo sería hierba seca que se podría incendiar, y todo sería tierra pobre ya sus excrementos no la abonarían”, sostiene.

Es ese guiño a la sostenibilidad y esa férrea apuesta por la calidad lo que ha hecho que Esther García Vela venda la carne de sus animales (de textura sueva y jugosa, según matiza) a empresas de la talla de Alcampo.

Esther García Vela 03

Respeto animal y medioambiental

“Los ganaderos que como Esther apuestan por la calidad, por el buen trato de los animales, por la sostenibilidad, por el cuidado de su entorno y además contribuyen al desarrollo de la economía rural de su zona tienen los atributos que en Alcampo buscamos en nuestros proveedores. Esa filosofía es la nuestra y cuando la encontramos la respaldamos”, afirma por su parte Eduardo Latorre, responsable de compras de Carnicería de Alcampo.

Un respaldo que ayuda a Esther a hacer frente a las jornadas maratonianas de trabajo que, sin embargo, le han permitido anclarse a su tierra. Actualmente sus instalaciones las tiene repartidas entre su pueblo natal -Tortajada- y el de al lado, Valdecebro.

Desafíos de presente y de futuro

Entre sus planes no entra diversificar su ganadería con otros animales, ya que su foco lo tiene puesto en “la calidad de la IGP Ternasco de Aragón” ni tampoco ampliar su estructura con un matadero.

“Entre el tiempo que dedico a los animales y al papeleo, actualmente no puedo plantearme ampliar mis instalaciones ni contratar gente. Los costes de producción son elevadísimos, entre piensos y gasoil, así que pensar en pagar un sueldo es algo, de momento irreal”, explica.

El riesgo de la ausencia de relevo generacional

Además de hacer frente a esos costes de producción Esther asegura que otro de los desafíos importantes a los que se enfrenta la ganadería de su zona es la, de momento, ausencia de relevo generacional que, a su juicio, “debería contemplarse y apoyarse mucho más”.

“Es verdad que ser ganadera implica muchas horas y una gran dedicación, es cierto que compaginarlo con otras facetas de la vida no siempre es posible, pero si te gusta y te gusta tu tierra la decisión es fácil de tomar. Yo esto lo he mamado desde siempre, y siempre me han educado en el principio de igualdad entre hombres y mujeres, sin diferencias. Quizá la única diferencia que me separe de los hombres ganaderos es la fuerza física, pero… más vale maña que fuerza”, concluye sonriendo.

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