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Esteros Lubimar: lubinas y doradas criadas con tradición en aguas de Barbate

Con más de 30 años de experiencia y una intachable apuesta por un cultivo tradicional integrado en su entorno natural, Esteros Lubimar ha sabido aliarse con la magia de las marismas de Barbate (Cádiz) para criar lubinas y doradas frescas y sanas con las que puede presumir de hacer una acuicultura de excelencia y haber cumplido con el sueño de su fundador, Antonio Hernández Barrera, de hacer algo único y auténtico en el mundo pesquero. Un sueño que hoy pilota la segunda generación de esta familia, convencida de que su éxito va ligado al respeto medioambiental, al bienestar animal y al desarrollo económico y social de sus trabajadores y región. Todo un caso de éxito para el presente y el futuro del sector agroalimentario español.

Un sector al que Antonio Hernández Barrera estuvo siempre ligado por la firma arrocera que tuvo con sus hermanos en las marismas bajas del Guadalquivir hasta que el camarón -esa gamba chiquitita con la que se hacen las famosas tortillas gaditanas- cambió para siempre su destino.

Aquel animalito que se instaló con fuerza en las aguas donde Don Antonio tenía pensado cultivar su arroz hizo que nuestro hombre apostase por las lubinas para que se lo comieran. Lo que no había calculado es que la proximidad de aquellos terrenos con Doñana haría de aquellas lubinas un auténtico manjar para las garzas y los flamencos del parque natural.

Fue así, aprendiendo de las lecciones de la naturaleza, como Don Antonio comprendió que aquellas balsas debían ser más pequeñas para que sus lubinas no desapareciesen. Arrancó de esta forma un proyecto de acuicultura que hace catorce años llegó hasta Barbate, buscando la salinidad del mar, temperaturas estables y condiciones ambientales ideales para la crianza de esa especie.

 

 

La diferenciación como principio fundacional

La dedicación, la perseverancia, el creer en su proyecto y la fortaleza de los lazos familiares hizo que Don Antonio y sus hijos comenzaran a cultivar lubinas de hasta un kilo, cuando en el mercado se pedían hasta entonces las de ración con un peso máximo de 500 gramos, y también doradas.

El fundador de Esteros Lubimar pudo ver antes de morir, hace ahora diez años, que su apuesta tenía tirón, que tenía sentido hacer lo que no había hecho nadie hasta entonces, porque sus lubinas de un kilo empezaban a pedirse especialmente en la hostelería, y porque su sueño de hacer una acuicultura integradora con el entorno y de calidad se había hecho realidad. Cuando Don Antonio falleció en 2012 sus hijos decidieron tomar el relevo de aquel sueño que poco a poco ha ido creciendo.

La segunda generación familiar, con Javier Hernández al frente (uno de los hijos de Antonio Hernández) capitanea ahora este proyecto de acuicultura cuya producción superó los dos millones de kilos en 2021 (50% de lubinas y 50% de doradas). Una cantidad que, según explica a Huella Gontrán de Ceballos, director comercial de Esteros Lubimar, se ha multiplicado por diez en la última década.

Cultivo integrado con su entorno

¿La clave de su éxito? El haber sabido crecer sin dejar de apostar por su pilar básico: llevar a cabo un sistema de cultivo integrado en el medio ambiente, en las piscinas de tierra que Esteros Lubimar tiene a escasos metros de las aguas del mar de Barbate donde se ha establecido la avifauna de la zona, haciendo que sus parajes también sean perfectos lugares para la observación de flamencos o garzas, que además de alimento han encontrado un inconfundible refugio. “Esto es lo que nosotros llamamos sostenibilidad, generar una actividad económica capaz de integrarse con el entorno”, explica Gontrán.

Esa apuesta integradora por la naturaleza ha llevado a Esteros Lubimar a tener una parte de superficie extensiva para su cultivo, donde crece el camarón que alimenta a sus lubinas y con el que empezó todo, y una superficie semi extensiva, donde se reproducen y crían sus doradas y lubinas.

 

 

Visualmente perfecto. Gastronómicamente ‘brutal’

“El camarón es para nuestras doradas y lubinas lo que la bellota es para el cerdo ibérico. Y eso se nota en el sabor, en la textura y en la apariencia de nuestros pescados”, sostiene De Ceballos. “El sabor de nuestros pescados es suave, sus lomos son plateados, tienen manchas naranjas en sus rostros y toques amarillos en sus frentes, indicadores de su buen estado de salud. Nuestros pescados son visualmente perfectos y gastronómicamente brutales por su textura y su sabor”, matiza el director comercial de la compañía.

Y lo son, sostiene, porque viven en aguas salinas donde no hay grandes cambios de temperatura, porque están alimentados con pequeños peces, camarones y microalgas que se ‘cuelan’ en los esteros -a través de los filtros biológicos naturales que los rodean- así como con piensos sin proteína animal terrestre (sin P.A.T), y porque se crían en bajas densidades para facilitar su movilidad y evitar la competencia por el alimento.

Bienestar animal. Baja densidad en los esteros

Comprometidos con el bienestar animal, Esteros Lubimar también apuesta por un despesque (extracción del pescado existente en los esteros naturales) que se lleva a cabo de forma manual, utilizando redes de tiro y salabre, con el objetivo de reducir así el estrés y evitar hematomas en los animales.
“Nosotros vendemos por la mañana y luego pescamos a demanda. De esa forma el pez que no vendemos sigue nadando. Así dependemos de nosotros mismos y podemos mantener nuestra calidad”, matiza Gontrán.

Una vez que han recibido sus pedidos y que han hecho el despesque necesario, Esteros Lubimar envasa sus pescados para que acto seguido comience su distribución y en las siguientes 24 horas pueda llegar a cualquier parte de la Península, incluidas las pescaderías de Alcampo, que se ha convertido en uno de sus grandes clientes.

 

 

El respaldo de Alcampo

“Alcampo apuesta por poner nombre a sus productos y por diferenciarse vendiendo alimentos que han sido criados o cultivados respetando el bienestar animal, su entorno y sus equipos. Algo de lo que podemos presumir en Esteros Lubimar”, sostiene De Ceballos.

“El cuidado que ponen en toda la cadena de producción para que sus pescados tengan una buena calidad de vida y no sufran estrés ni siquiera en el momento del despesque, el mimo que ponen a sus parajes, para que la naturaleza haga de sus instalaciones un auténtico campamento base para su fauna marina y avícola, y la contribución social y económica que la compañía ha hecho en Barbate, una zona tan golpeada por el desempleo en los últimos años está en línea con nuestra filosofía basada en la diferenciación y en apostar por lo bueno, por lo sano y por lo local”, afirma por su parte Sergio Román, responsable de Alcampo Producción Controlada.

Un distintivo que recoge las lubinas y las doradas de Esteros Lubimar de Barbate y de otros parques naturales de Andalucía. Entre ellos se encontrarían los procedentes de Cultivos Piscícolas de Barbate en el Estuario del río Barbate, Esteros de San Jaime (Puerto Real) y Esteros de San Federico (Chiclana de la Frontera), ambos integrados en el Parque Natural Bahía de Cádiz, y Langostinos Huelva en el Estuario del río Piedras, en un medio protegido y controlado en el Paraje Natural de Río Piedras.

24 horas, 365 días

Esteros Lubimar cuenta actualmente con 180 trabajadores en sus filas para que sus esteros estén permanentemente vigilados. “Los peces tienen la ‘mala costumbre’ de no entender de fines de semana o de festivos”, explica Gontrán de Ceballos con una amplia sonrisa.

“Trabajamos los 365 días del año las 24 horas del día, cuidando que nuestros peces tengan siempre alimentos, controlando que el agua del mar entre en los esteros en todo momento y el oxígeno de las piscinas sea el correcto. Esto es como una maratón, hay que ir siempre poquito a poco para que nuestra acuicultura sea lo más natural posible”, señala.

Dinamizador económico y social

Una acuicultura que además ha dado una segunda oportunidad a muchas de esas 180 personas que trabajan en Esteros Lubimar. Barbate fue, según explica el director comercial de la firma, uno de los puertos pesqueros más importantes de España, pero con el boom de la construcción mucha gente del pueblo se marchó a la costa del sol, y con la crisis inmobiliaria y financiera en Barbate hubo un alza de paro sin precedentes.

“Muchos de nuestros trabajadores (la media de edad en la plantilla ronda los 40 años) han sido antes electricistas, escayolistas, alicatadores… que ahora se han reconvertido con nosotros. Cuando das trabajo fijo y confianza ayudas a que la gente tenga futuro y familia. ¡Hemos invertido mucho en la natalidad de Barbate! ¡Somos un acelerador de la economía de nuestra zona! ¡Esto es lo que se entiende por sostenibilidad social!”, matiza.

Gracias al engranaje laboral de su estructura, Esteros Lubimar ha conseguido con el paso de los años llegar a diferentes canales de venta. Si al principio vendía especialmente a pescaderías y locales hosteleros de la región, ahora tiene sus ventas repartidas al 50% entre la hostelería y la distribución de todo el país.

 

 

En línea con el consumidor

“El consumidor quiere saber de dónde viene el pescado que compra y come, quiere conocer cómo ha sido cultivado, cómo ha sido alimentado, cómo ha sido pescado, transportado… ¡quiere saberlo todo! Esa corriente ha hecho que las grandes superficies le abran la puerta al estero porque cuando les contamos lo que somos y cómo lo hacemos… ¡se quedan con nosotros!”, asegura Gontrán.

Y no sólo en España. Esteros Lubimar vende hasta en 15 países diferentes, y aunque ha llegado a comercializar fuera de nuestras fronteras el 70% de su producción, a día de hoy esa balanza está más equilibrada y el consumo nacional de sus lubinas y doradas llega ya al 50% del total, exportando el 50% restante a países de distintas latitudes.

Opciones de crecimiento

“Somos el pescado más natural que se hace en acuicultura, y eso gusta, y gusta cada vez más”, matiza. “Podemos crecer, por supuesto, pero si lo hacemos seremos siempre fieles a los principios que nos enseñó Don Antonio y que ahora tanto defiende Javier. La cultura del trabajo, la cultura del esfuerzo, la cultura por las cosas bien hechas, respetando lo que somos, nuestro producto, nuestra gente y nuestro entorno”, apostilla.
Valores que la familia lleva años inculcando a la tercera generación que, según Gontrán, “podrán dar continuidad a este legado único”.

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