Embutidos Ele, donde el sabor nace de la tierra

Desde los secaderos de Roales del Pan, en Zamora, hasta las mesas de miles de consumidores en toda España, Embutidos Ele ha forjado una historia guiada por la tradición familiar, la artesanía y la búsqueda incansable del sabor auténtico. Su chorizo, reconocido como el mejor del mundo en 2023, demuestra cómo esta empresa, ya en manos de su segunda generación, ha sabido crecer sin desviarse de su esencia ni del carácter inconfundible que define a la gastronomía zamorana. Con más de medio siglo de andadura, la firma es fiel al alma con la que nació para elaborar productos honestos, y respetuosos con la tierra. Un respeto que le ha llevado a encontrar en Alcampo un aliado esencial para llevar su sabor a nuevos destinos.

Cuando Lito Fernández, actual director general de Embutidos Ele, habla con Huella de los inicios de la empresa, lo hace con una mezcla de respeto y emoción. “Mis padres no venían de familia ganadera”, recuerda. “Mi padre empezó con el transporte de ganado y una pequeña ganadería hasta que en 1965 decidió abrir una primera tienda donde se vendía carne fresca y algo de charcutería. Era un proyecto humilde, pero lleno de ganas”.

Embutidos Ele ha forjado una historia guiada por la tradición familiar, la artesanía y la búsqueda incansable del sabor auténtico.

Un origen humilde marcado por la intuición

Aquel establecimiento levantado en Zamora fue el germen de una empresa que, sin saberlo ni proponérselo, comenzaba a escribir su propio capítulo dentro de la tradición cárnica castellana.

Los primeros años, Isabel García y Eleuterio Fernández -los fundadores de la firma- atendieron el negocio casi de sol a sol, con la ayuda de muy pocos empleados. Vendían en carnicerías y charcuterías de la zona y recorrían ellos mismos los pueblos, primero de Zamora, y luego los que había entre Zamora y Valladolid para dar a conocer sus productos.

Cuando a finales de los setenta la demanda por sus alimentos empezó a crecer, el matrimonio decidió dar en 1978 un primer salto industrial para la venta de carnes selectas. Una década después, en 1988, la pareja dio el impulso definitivo para inaugurar una planta de apenas 250 metros cuadrados, en Roales del Pan, a escasos cinco kilómetros de Zamora.

Un enclave que, según Fernández, se antoja privilegiado para el secado natural de los embutidos gracias a su particular combinación de humedad y corrientes de aire. “Aquella nave fue una apuesta enorme porque permitía curar mejor el chorizo y ampliar el negocio sin perder su esencia”, apostilla.

Durante los siguientes años la empresa siguió creciendo despacio, pero con paso firme y fiel a una máxima que aún hoy define su filosofía, la de hacer las cosas bien desde el inicio hasta el final.

Segunda generación, especializarse para ser mejores

En 2005 y tras el fallecimiento de Eleuterio dos años antes, su hijo Lito Fernández, nuestro entrevistado, se incorporó de lleno a la gestión de la compañía, y aquel relevo generacional marcó un punto de inflexión. “Me di cuenta de que teníamos que enfocarnos, que para hacer algo verdaderamente excepcional había que elegir, y elegimos el chorizo”, afirma.

Ese cambio de rumbo supuso abandonar la antigua sala de despiece y especializarse por completo en la elaboración de embutidos. Fue entonces cuando se rediseñó el proceso, se investigaron técnicas, se modernizaron instalaciones… pero sin renunciar al poder de lo artesanal.

“Lo que hacemos es intentar reproducir las condiciones climáticas que siempre han dado fama a nuestra comarca, jugar con las humedades, con el frío y con el calor igual que hacían mis padres y se hacía en los pueblos de la zona. Ese es nuestro sello”, nos cuenta Fernández.

La ampliación de la planta en 2008, hasta alcanzar los 3.600 metros cuadrados -de los cuales hoy utilizan unos 2.600-, fue la confirmación de que aquel camino sí era el correcto.

“Mi padre empezó con el transporte de ganado y una pequeña ganadería hasta que en 1965 decidió abrir una primera tienda donde se vendía carne fresca y algo de charcutería. Era un proyecto humilde, pero lleno de ganas”.

Un sabor que nace del clima y del tiempo

El secreto de Embutidos Ele está en su proceso de curación, una técnica que combina tecnología y tradición. Los chorizos pasan entre seis y ocho semanas en secaderos donde la temperatura y la humedad se regulan de forma precisa, imitando el comportamiento de las antiguas casas de Roales del Pan.

“Un chorizo bien hecho necesita tiempo y respeto”, explica Lito. “Si el producto es natural y está bien curado se conserva durante meses en frío y así ganas en sabor, en textura y también en sostenibilidad”, matiza.

Ese compromiso con lo natural ha llevado a la empresa a ser pionera en el sector, ya que fue la primera compañía en entrar en FACE (la Federación de Asociaciones de Celíacos de España) en 2006 para comercializar embutidos sin gluten, y hoy el 70% de su producción se comercializa en cajas de cartón, sin plásticos innecesarios.

Del taller familiar al mejor chorizo del mundo

Y ese afán por hacer las cosas bien y la calidad de sus productos están hoy avalados por hechos. Embutidos Ele forma parte de la Asociación de Artesanos Alimentarios de Castilla y León y luce el sello Tierra de Sabor. Además, en 2023 su chorizo natural fue reconocido como el mejor del mundo en un concurso internacional.

“Aquel premio fue y es un orgullo inmenso -recuerda Lito-. ¡Competíamos con más de 200 empresas artesanas! Allí comprobamos que la manera en que trabajábamos tenía todo el sentido”, recuerda emocionado.

La compañía produce actualmente alrededor de 12.000 kilos semanales, de los que un 85% corresponde al chorizo. El resto se reparte entre lomo, cabecero y panceta. “Hacemos solo seis productos, pero los hacemos muy bien, porque creemos que el que mucho abarca, poco aprieta”, indica Lito.

El secreto de Embutidos Ele está en su proceso de curación, una técnica que combina tecnología y tradición. Los chorizos pasan entre seis y ocho semanas en secaderos donde la temperatura y la humedad se regulan de forma precisa
La compañía produce actualmente alrededor de 12.000 kilos semanales, de los que un 85% corresponde al chorizo.

Una empresa familiar con corazón sostenible

Más allá de los premios, Embutidos Ele mantiene un compromiso firme con la sostenibilidad. Los cerdos de los que provienen sus productos proceden exclusivamente de ganaderías de Castilla y León, con quienes presumen de tener “relaciones comerciales estables y de confianza”.

Además, la mayor parte de sus embutidos se vende al natural, reduciendo drásticamente el uso de envases de plásticos. “Nuestro objetivo es demostrar que un producto natural, bien hecho, puede llegar a cualquier supermercado sin tener que llevar aditivos o envases que no hacen falta. Y Alcampo ha sido clave para eso”, asegura Lito.

“Un chorizo bien hecho necesita tiempo y respeto. Si el producto es natural y está bien curado, se conserva durante meses en frío y así ganas en sabor, en textura y también en sostenibilidad”.

Embutidos Ele mantiene un compromiso firme con la sostenibilidad. Los cerdos de los que provienen sus productos proceden exclusivamente de ganaderías de Castilla y León.

Valor y la confianza

La historia conjunta de Alcampo y Embutidos Ele comenzó en 2011, cuando la cadena incorporó sus productos a su hipermercado de Burgos. A partir de ahí, la colaboración se extendió por toda Castilla y León.

“Lo que más valoro de Alcampo es que escucha, que entiende el valor de un producto como el nuestro y lo pone en manos del cliente con honestidad. No todos los supermercados apuestan por ese modelo”, afirma Lito.

Javier Martín, responsable de los mercados Lácteos, Quesos y Charcutería de Alcampo Burgos, explica, por su parte, que “trabajar con Embutidos Ele es apostar por la autenticidad y por un sabor de antaño. Su filosofía de elaborar cada pieza respetando los tiempos de curación y manteniendo procesos que honran la tradición zamorana está alineada con la nuestra de llegar a miles de hogares con alimentos hechos por empresas que saben lo que es el respeto por la tradición y la sostenibilidad”.

Actualmente, en Alcampo se comercializan dos líneas de productos de Embutidos Ele. Por una parte, el chorizo natural premiado, vendido a granel bajo la marca Ele y, por otra, los productos envasados -como lomo, panceta o salchichón- y productos envasados loncheados como lomo, salchichón, panceta y chorizo bajo la marca Ele o sartas de chorizo bajo la marca Barbacana.

“Trabajar con Embutidos Ele es apostar por la autenticidad y por un sabor de antaño”.

Tradición, territorio e innovación

Con 11 empleados directos y una veintena de indirectos, la empresa mantiene un tamaño humano que permite controlar cada detalle del proceso. Su apuesta por la innovación pasa por mejorar la naturalidad del producto y aumentar su durabilidad sin añadir conservantes.

“Innovar no es añadir cosas, es quitarlas -dice Lito-. Es conseguir que el cliente reciba el chorizo tal y como lo haría en un pueblo zamorano hace 50 años. Con sabor auténtico, con curación perfecta y con respeto por el entorno”.

Embutidos Ele distribuye por toda España, pero sigue teniendo alma de negocio familiar. Su despacho en la propia planta, en pleno campo, sigue siendo lugar de encuentro para vecinos, viajeros y curiosos que buscan un producto que sabe a hogar.

Y es que sesenta años después de aquella primera tienda, Embutidos Ele mantiene intacta su razón de ser. ¿Cuál? Elaborar productos capaces de emocionar desde el primer bocado. Un sabor que nace del clima, de la paciencia y el buen hacer. “Mi padre siempre decía que, si haces las cosas con cariño, el cliente lo nota. ¡Tenía razón! Nuestro chorizo es nuestra manera de contar quiénes somos”, concluye Lito.

Actualmente, en Alcampo se comercializan dos líneas de productos de Embutidos Ele. Por una parte, el chorizo natural premiado, vendido a granel bajo la marca Ele y, por otra, los productos envasados -como lomo, panceta o salchichón- y productos envasados loncheados como lomo, salchichón, panceta y chorizo bajo la marca Ele o sartas de chorizo bajo la marca Barbacana.

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