En el corazón de la comarca de la Vera, en Extremadura, la empresa Alegre Fernández Alegre ha conseguido que el pimentón que Cristóbal Colón trajera de América y los monjes jerónimos del Monasterio de Yuste empezaran a cultivar en la región en el siglo XVI llegue hoy al consumidor, tal y como nace en el campo, con origen, trazabilidad y sabor auténtico. Agricultores de tercera generación y guardianes de un saber centenario, los socios de esta compañía han conquistado el paladar de millones de españoles gracias a su fidelidad por lo artesano y a la apuesta que de su producto hacen firmas como Alcampo, donde este pimentón, avalado con la Denominación de Origen Protegida del Pimentón de la Vera, ya se vende en sus lineales bajo el sello Cultivamos lo Bueno.
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Alegre Fernández Alegre es una empresa joven en lo formal -nació en 2023-, pero cuenta con una historia que se remonta varias generaciones atrás. Detrás del proyecto están tres socios vinculados de manera vital y profesional al pimiento de la Vera. Se trata de Pablo Alegre, David Fernández López y Ángel Alegre Fuentes, socios fundadores de este proyecto con raíces profundas, junto a sus respectivas parejas. A ellos se suma en el día a día Alejandro González, director comercial de la compañía.
Todos los socios son originarios de Aldeanueva de la Vera (Cáceres), donde se ubica la sede de la empresa, y todos ellos cultivan sus explotaciones en la zona. En total, suman 14 hectáreas dedicadas al pimiento, con una producción media de unos 3.700 kilos por hectárea.
“Somos agricultores de tercera generación, de pimiento y pimentón de la Vera. Yo tengo 40 años, prácticamente como mis socios, y llevamos en esto desde siempre. Esto ha sido nuestro tipo de vida desde que tenemos uso de razón, lo es y lo será”, explica a Huella Pablo Alegre, uno de los socios fundadores.
Antes de unir sus fuerzas, las tres parejas artífices de este proyecto cultivaban el pimiento, lo secaban y lo vendían a terceros, quienes se encargaban de transformarlo y comercializarlo, hasta que en 2023 decidieron dar un paso al frente y cerrar el círculo.
“Estamos muy orgullosos de poder llegar al cliente final con un producto elaborado tan minuciosamente como lo hacemos. Porque lo elaboramos exactamente igual que lo hacían nuestros abuelos hace 80 años, respetando su calidad, su color y su exclusivo sabor”, añade Alegre.
El Oro del Tiétar, artesanía, humo y paciencia
La marca comercial de la empresa, El Oro del Tiétar, resume con precisión el espíritu del proyecto. Un proyecto que tiene un respeto absoluto por el origen y apuesta por una elaboración artesanal que apenas ha cambiado con el paso del tiempo. Cada lata de pimentón es el resultado de un proceso minucioso que comienza en el campo y termina en la cocina, sin atajos ni concesiones.
Todo arranca con pimientos autóctonos cultivados en la comarca de la Vera, un territorio privilegiado por su clima y sus suelos. La recolección se realiza de forma manual, seleccionando únicamente los frutos en su punto óptimo de maduración, un trabajo que exige experiencia, tiempo y una atención constante a las condiciones meteorológicas.
“Dependemos muchísimo del clima. Tanto la falta de lluvia como el exceso pueden afectar a la cosecha, por eso cuidamos cada parcela como si fuera única”, explica Pablo Alegre.
Tras la recolección llega uno de los momentos clave del proceso como es el secado tradicional al humo de leña de encina y roble, que se prolonga entre 7 y 10 días. Es aquí donde el pimentón de la Vera adquiere su aroma intenso y su característico sabor ahumado, fruto de un trabajo lento y paciente.
“Este es el punto donde realmente se marca la diferencia. El humo, el tiempo y la paciencia son los que dan personalidad al pimentón. No hay fórmulas rápidas”, subraya David Fernández.
Una vez secos, los pimientos se muelen en molino de piedra, obteniendo un polvo fino, uniforme y de un rojo brillante. El resultado es un pimentón con altas cualidades organolépticas y un notable poder antioxidante, gracias a la elevada concentración de carotenoides, fiel reflejo de una elaboración cuidada de principio a fin.
La D.O.P. Pimentón de la Vera, un aval irrenunciable
La Denominación de Origen Protegida (D.O.P.) Pimentón de la Vera no es solo un sello en el envase, sino una guía estricta que marca cada paso del proceso. Para Alegre Fernández Alegre esta certificación es una garantía de autenticidad, pero también de responsabilidad.
“La D.O.P. es muy estricta desde el inicio del proceso en el semillero, con variedades autorizadas como Jaranda y Jeromín, hasta la finalización del secado con leña de encina y roble. Todo está pensado para mantener el aroma tradicional. Estamos obligados a llevar un cuaderno de campo donde se registra todo lo referente al cultivo del pimentón. Este cuaderno está siempre a disposición de la Denominación de Origen en las parcelas cultivadas”, explica David Fernández López.
La DOP también regula de forma rigurosa el secado, y nuestro proceso se realiza de manera 100% tradicional utilizando biomasa de encina y roble. Nosotros realizamos una trazabilidad al 100% de forma absolutamente tradicional”, añade.
Este control integral -desde el cultivo hasta el envasado- permite ofrecer un producto natural, sin aditivos ni colorantes, totalmente trazable y fiel a la identidad gastronómica de la Vera.
“Somos agricultores de tercera generación, de pimiento y pimentón de la Vera. Llevamos en esto desde siempre. Esto ha sido nuestro tipo de vida desde que tenemos uso de razón, lo es y lo será”.
Pablo Alegre, socio fundador Alegre Fernández Alegre
Tradición y modernización
Aunque el respeto por la tradición es innegociable, Alegre Fernández Alegre también ha sabido incorporar mejoras técnicas allí donde no se compromete la esencia del producto.
“Como agricultores tradicionales estamos muy vinculados al campo, pero nos hemos modernizado en el regadío y en la mecanización”, explica David. “Regamos por la noche para aprovechar el agua al 100% y evitar evaporaciones. Nos modernizamos donde podemos, sin afectar al alma del pimentón de la Vera, que es lo que nos diferencia”.
La sostenibilidad es otro de los pilares del proyecto. El uso de biomasa local, el reaprovechamiento de subproductos agrícolas y los envases reciclables y herméticos forman parte de una estrategia que busca minimizar el impacto ambiental.
Alcampo y Cultivamos lo Bueno
Ese mimo por la materia prima y la elaboración artesanal del producto, y ese cuidado y cariño por el entorno en el que trabaja ha llevado a la compañía a dar un salto definitivo en el mercado español de la mano de Alcampo.
Y es que a finales de octubre de 2025, el pimentón dulce de la empresa comenzó a venderse en los centros de Alcampo, concretamente en los lineales de las especias y en su formato habitual de lata de 75 gramos, bajo el sello Cultivamos lo Bueno.
“Recuerdo que enviamos un dossier explicando a Alcampo por qué somos diferentes. Y lo somos porque somos los propios agricultores del producto”, explica Alejandro.
Rocío Mercado, responsable de Oferta de Productos de Alcampo Cultivamos lo Bueno, destaca, precisamente, ese valor diferencial. “En Alcampo buscamos productos con un origen claro y una historia auténtica detrás, y Alegre Fernández Alegre representa muy bien esa forma de entender el campo y la alimentación. El hecho de que sean los propios agricultores quienes cultivan, elaboran y envasan el pimentón nos da una garantía total de trazabilidad y calidad, y encaja plenamente con los principios de Cultivamos lo Bueno”.
Mercado destaca también el valor social y territorial del proyecto, especialmente en un contexto de despoblación rural y pérdida de relevo generacional. “Este tipo de iniciativas contribuyen a mantener viva la actividad agrícola, a fijar población en el medio rural y a preservar tradiciones que forman parte de nuestro patrimonio gastronómico. Para nosotros es fundamental apoyar a productores que trabajan desde el respeto al medioambiente, a las personas y a las tradiciones”.
“Estamos muy orgullosos de poder llegar al cliente final con un producto elaborado tan minuciosamente como lo hacemos. Porque lo elaboramos exactamente igual que lo hacían nuestros abuelos hace 80 años, respetando su calidad, su color y su exclusivo sabor”.
Pablo Alegre, socio fundador Alegre Fernández Alegre
Orgullo, relevo y futuro para el campo
Y es que más allá de las cifras, este proyecto tiene una fuerte carga emocional y social. Para sus impulsores, llegar al consumidor final supone también una forma de reivindicar el valor del trabajo agrícola.
“A mí me genera mucha ilusión trabajar con Alcampo porque da continuidad a nuestro esfuerzo. Muchas veces el agricultor no se siente valorado socialmente”, confiesa David. “Es una oportunidad para que el consumidor sea consciente de la calidad, del trabajo que hay detrás y de lo que está consumiendo. Afrontamos este trabajo con gran ilusión y compromiso, motivados por la oportunidad de aportar y seguir creciendo”.
Alegre Fernández Alegre representa así un modelo de producción de proximidad y responsable, que fija población, genera empleo en el medio rural y preserva un patrimonio gastronómico único. Un pimentón con nombre y apellidos, con historia, identidad y territorio. Un auténtico oro rojo.
“En Alcampo buscamos productos con un origen claro y una historia auténtica detrás, y Alegre Fernández Alegre representa muy bien esa forma de entender el campo y la alimentación. El hecho de que sean los propios agricultores quienes cultivan, elaboran y envasan el pimentón nos da una garantía total de trazabilidad y calidad".
Rocío Mercado, responsable de Oferta de Productos de Alcampo Cultivamos lo Bueno