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Loja, tierra de espárragos y ejemplo de economía circular

Trazabilidad, innovación y sostenibilidad. Éstos son tres de los pilares más importantes sobre los que se asienta la Cooperativa Agrícola de San Isidro de Loja, en Granada, para sacar adelante el cultivo de unos espárragos que pueden presumir de cultivarse sin pesticidas, y contribuir al compost que estos agricultores generan con sus propios residuos, en una férrea apuesta por la economía circular y el progreso económico de una zona muy rural y escasa actividad industrial. Una zona que esta cooperativa lleva años dinamizando con la producción de sus espárragos y décadas con la de su aceite de oliva. Su historia es ejemplo de perseverancia, saber hacer y querer hacer las cosas bien.

La historia de la Cooperativa Agrícola de San Isidro de Loja se remonta a 1958, cuando un pequeño grupo de 10 agricultores decidió unir sus fuerzas y sus voces para hacer posible la comercialización de sus aceitunas y la elaboración de su propio aceite de oliva. Pese a que sus inicios no fueron fáciles en aquella Granada de mediados del siglo pasado, aquellos pioneros lograron sacar adelante el proyecto e ir sumando socios a sus filas de forma paulatina.

Cuando la unión hace la fuerza

Ese constante goteo de agricultores que se unían a la cooperativa la hizo sumar 400 integrantes en el año 2000, para cuando sus instalaciones ya habían cambiado dos veces de ubicación, ganando con cada cambio metros cuadrados, según explica Antonio Rodríguez García, su director técnico a Huella.

La semilla del éxito de aquel proyecto había dado sus frutos, porque en los años posteriores la cifra de agricultores que se seguía subiendo a su tren no dejó de crecer. Con la llegada del nuevo milenio, la cooperativa apostó por trasladarse de nuevo, esta vez al Polígono Industrial área 14C de Loja (Granada) -donde opera actualmente- despertando el interés de hasta un millar de agricultores más que decidieron unirse a su causa.

Diversificación con el espárrago

Una causa, la del aceite de oliva, que se ha diversificado con el cultivo de espárragos. De los 1400 agricultores que ahora atesora la cooperativa, 205 están dedicados única y exclusivamente al cultivo del espárrago con una producción anual cercana a los tres millones y medio de kilos.

“El cultivo del espárrago era muy poco significativo hasta 2016, cuando pusimos en marcha una central hortofrutícola de 4400 metros cuadrados haciendo posible que nuestra producción de espárrago creciese considerablemente”, sostiene Rodríguez.

Una producción que se lleva a cabo en unas 800 hectáreas de una tierra que, según matiza, se antoja idónea para su cultivo. ¿Por qué? Por su clima y las condiciones de su suelo y del agua que lo riega. “Los suelos donde crecen nuestros espárragos son fértiles y cuentan con un perfecto equilibrio entre arcilla, limo (arena finita) y arena, haciendo que no sean pedregosos y que los espárragos puedan crecer de forma energética sin encontrar obstáculos a su paso”, asevera Rodríguez.

Clima, suelos y agua idóneos para su crecimiento

Todo eso ayuda a que la planta pueda entrar en letargo cuando acaba la cosecha (hacia finales de mayo) y pueda crecer de forma vigorosa para la siguiente recolección. Eso, y el hecho de que la planta del espárrago pueda soportar las bajas y las altas temperaturas de los inviernos y los veranos de la zona, y pueda sobrevivir a la falta de agua, ya que es resistente a la sequía.

“Las condiciones de la zona son idóneas para el cultivo de nuestros espárragos, pero sin duda la calidad que tienen no sería posible sin el mimo que les consagran nuestros agricultores, y el empeño que tenemos en la cooperativa para cuidarlos durante su cultivo y recolección (entre los meses de febrero y mayo)”, matiza nuestro entrevistado.

Espárragos sin residuos de pesticidas

Una apuesta que ha llevado a esta cooperativa a poder estar “muy orgullosa de elaborar espárragos sin el uso de químicos en el cultivo”, y con una trazabilidad garantizada desde la recolección hasta la venta.

“Cuando nuestros agricultores traen a nuestra planta sus manojos de espárragos, de unos cinco kilos aproximadamente, inmediatamente les ponemos un código de barras para identificar quién es su productor y de qué parcela vienen, determinamos si llegan con algún desperfecto, fijamos cuál es su calibre (desde los 8 milímetros hasta los 20, pasando por los de 8-10, 10-12, 12-16, 16-20 y +20), y les tomamos una muestra fitosanitaria para comprobar que estén libres de patógenos, hongos o moho”, explica Rodríguez.

Es entonces cuando -según cuenta- los espárragos pasan por las líneas de manipulado de la cooperativa, que actualmente suma cinco. “Antes todas nuestras líneas eran manuales, pero en pro de la innovación y tecnificación ya hemos sustituido tres líneas de manipulado manual por líneas de clasificación y selección mediante técnicas de visión artificial”, sostiene.

Es en esas líneas de manipulado -en cada una trabajan de media unas 45 personas-, donde la cooperativa se encarga de cortar el extremo del espárrago que estaba bajo tierra en el momento de su recolección y que, por no haber estado en contacto con el sol, permanece blanco. “Tras cortar la base a los espárragos los juntamos en manojos de 200, 250 o 300 gramos, según lo que nos pidan los clientes, les ponemos una etiqueta con el idioma correspondiente al país al que vayan a venderse y en la que puede seguirse su trazabilidad, los disponemos en cajas de entre ocho y diez manojos cada una y cuando tenemos montados los palés empezamos su distribución”, matiza.

Ejemplo de economía circular

La venta que se hace de los espárragos en manojos, sin plásticos, es una de las apuestas que esta cooperativa ha hecho y hace a favor de la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente.

No es la única. Con las bases cortadas de todos sus espárragos, elabora el compost que hace en sus propias instalaciones, también con lo que resta de la almazara donde elabora su aceite de oliva, en una clara declaración de intenciones a favor de la economía circular.

La elaboración de ese compost le valió en 2018 un premio en Bruselas por su defensa justamente de la economía circular. Actualmente la cooperativa cifra en dos millones y medio las toneladas anuales que elabora de compost a base de sus propios residuos, para que luego sean sus propios agricultores quienes nutran con ese compost sus tierras. Esa cantidad se traduce, según Rodríguez, en unos cinco millones de kilos de residuos gestionados cada año.

Alcampo, su principal cliente

Es esta apuesta por la economía circular una de las razones por las que los espárragos de la Cooperativa Agrícola de San Isidro de Loja se han hecho un hueco, según Rodríguez, en los centros de Alcampo, su principal cliente en España.

No es la única. Según Sergio Román, responsable de Alcampo Producción Controlada, “la filosofía de esta cooperativa de apostar por la economía circular, por la sostenibilidad, la innovación y la dinamización social en una zona industrialmente deprimida, dando opciones de trabajo a las personas de la región coincide con lo que en Alcampo entendemos por hacer bien el trabajo y lograr un comercio que sea justo para las personas y el planeta”

Actualmente, los espárragos de la Cooperativa de San Isidro de Loja se encuentran en Alcampo bajo la marca Alcampo Producción Controlada, en manojos de 400 gramos con calibre 18-22 y como novedad este año en manojos de 300 gramos con calibre 10-12. La firma también comercializa los espárragos de la cooperativa bajo la marca Sierra de Loxa con calibre 12 y 12-16.

Entre las ventas nacionales e internacionales (exporta a Francia, Alemania, Italia, Hungría, Polonia, Reino Unido, Canadá, Indonesia, Bélgica o Luxemburgo, entre otros países), la cooperativa alcanza unas ventas de 9 millones de euros anuales con sus espárragos, y entre el doble y el triple (entre 20 y 30 millones de euros) con su aceite.

Dinamizador de empleo

Para que esas ventas sean posibles, emplea entre 400 y 500 personas en el campo en la campaña del espárrago, y a unas 250 más para trabajar en su planta hortofrutícola. La mayoría de estas personas, según matiza Rodríguez, trabajan también para la cooperativa en las campañas de los olivares, de noviembre a febrero, aportándoles así una continuidad en sus tareas profesionales.

“En nuestra cooperativa hemos obtenido, gracias a nuestro trabajo y a nuestra forma de trabajar, varias normas de calidad como la IFS, la Global Gap y la GRAPS. Esta última acredita que no empleamos ni mano de obra infantil ni ilegal. Todas ellas son un motivo de orgullo para nosotros y un motor para seguir haciendo bien nuestro trabajo obteniendo a cambio un producto rico, que gusta, que tiene presente y futuro”, apostilla por su parte Jorge Rodríguez García, director comercial de la cooperativa.

Retos de presente y futuro

Una cooperativa que en términos de producción podría duplicar la que ahora tiene, pasando de los 35.000 kilos de espárragos hasta los 70.000 kilos diarios. “Las campañas de 2019, 2020 y 2021 han sido más flojas por la sequía y la pandemia, y en ésta nos enfrentamos a los interrogantes derivados del alza de precios de la electricidad, el gasóleo, los abonos y la mano de obra. Aún así, no renunciaremos nunca a lo que nos hace estar orgullosos de quienes somos: la calidad, seguridad alimentaria y el respeto por el medio ambiente y por todos los que trabajamos en la cooperativa y por las tierras en las que cultivamos”, concluye Antonio Rodríguez.

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