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Granja Luisiana, crianza y producción avícola libre de antibióticos

Sus orígenes se remontan a los años 80, su historia se enmarca en los arrozales del Delta del Ebro, en Tarragona, y su orgullo es haber querido y sabido criar patos sin antibióticos que crecen en un hábitat que garantiza su bienestar animal. Tras décadas de perseverancia, Granja Luisiana es hoy un ejemplo de gestión, innovación, sostenibilidad y todo un motor dinamizador de empleo e inserción sociolaboral en su región. Anna Giménez explica a Huella el camino que ha tenido que recorrer desde que decidió ayudar a sus padres, hermano y a sí misma a salir de la ruina en la que se vieron atrapados. Nuestra visionaria y valiente emprendedora lleva desde hace veinte años las riendas de esta empresa familiar en la que ya trabaja su sobrino Óscar Giménez, la segunda generación de la firma, y en la que se avanza con paso firme sin perder su esencia.

Fortaleza es precisamente una de las palabras que la protagonista de este reportaje, Anna Giménez Uribe, gestora de Granja Luisiana, elige para definir aquello a lo que tuvo que aferrarse para recuperar las tierras y la casa de sus padres cuando la bancarrota del negocio familiar los llevó a perderlo todo. “Hemos tenido que ser perseverantes y fuertes para no decaer, cerrar filas y trabajar codo con codo para recuperar lo que un día había sido nuestro”, sostiene.

El resurgir de una ruina familiar

Al volver la vista atrás en el tiempo, Anna recuerda cómo la quiebra de la empresa de su padre dejó a su familia sin empresa, sin finca y sin casa. “Nos arruinamos, lo perdimos todo, y mi hermano y yo decidimos trabajar para comprar la casa y la granja a los bancos. Cuando algo así te ocurre, cuando hay un tsunami de esas características en tu vida, creas una base que te hace no perder rumbo y afianzarte, y eso que a veces lo hemos tenido muy pero que muy difícil”, recuerda.

A la dificultad de renacer de sus propias cenizas económicas, Anna sumó la de apostar en Deltebre, en los humedales del Delta del Ebro, por la explotación de ganado vacuno y porcino, muy asociada en aquellos ya lejanos 80 a los hombres. Lo peor vino sin embargo después, cuando nuestra protagonista decidió abandonar el vacuno, mantener el porcino y sobre todo apostar por la cría de patos.

Apuesta valiente y visionaria

“Me tacharon de alternativa -recuerda entre risas-. Creo que muchos pensaron que estaba loca, pero yo tenía claro que, si quería seguir arraigada a mi tierra, que es lo que más quería y quiero, tenía que hacer algo diferente, diferenciarme por la calidad de mis productos y por un inigualable trato a mis clientes. Fue así como me lancé a la cría de patos en una España donde había algo de demanda, pero muy pocos productores y apenas explotaciones legalizadas. Vi un mundo por desarrollar y allí que fui y… ¿¡mira donde estoy ahora!?”, matiza con una sonrisa bien marcada.

La Anna Giménez que decidió lanzarse en 1995 a esta aventura tenía 28 años y muchas ganas de demostrar al mundo que ella sería capaz de destacar. “Estuve viendo por temporadas cómo muchas familias en Francia vivían dignamente de la crianza de patos y de la producción de su carne, y me terminé de convencer de que yo podría poner en marcha todo el ciclo productivo: crianza, transformación y comercialización”. Así lo hizo.

 

 

Bienestar animal, cero antibióticos

Corría el mes de diciembre de 2004 cuando esta emprendedora y visionaria inauguró su primer matadero y consiguió que desde sus inicios su producción estuviese certificada en lo que respecta a un buen hábitat, a un buen bienestar animal y a una buena alimentación de dichos animales. “Eso que ahora está tan de moda yo llevo haciéndolo casi veinte años. Tenía clarísimo qué quería y tenía que ir por ahí”, sostiene.

Granja Luisiana puede presumir de criar a sus patos en los extensos campos de arroz que hay en su finca donde, según Anna matiza, “los animales viven al aire libre, sin jaulas, criados sin antibióticos y con una total dignidad en todo su ciclo vital”. De ahí que, aunque la capacidad productiva de la compañía pueda ir a más -actualmente trabaja con 14.000 animales de forma constante-, su gestora no quiera hacerlo para no aumentar el número de animales por metro cuadrado para no afectar a su calidad de vida.

Defensores de su modelo productivo

Esta filosofía aplicada a la crianza y producción le abrió primero las puertas de algunas tiendas especializadas y algunos locales de hostelería próximos al Delta del Ebro. Poco a poco, su forma de criar y producir fue recibiendo el aplauso de más clientes entre los que se cuentan agro-tiendas, distribuidores independientes, restauradores y empresas de distribución como Alcampo.

“Cuando en 2016 mi sobrino Óscar Giménez, segunda generación de la familia, se unió a Granja Luisiana, nuestros productos se abrieron un mayor hueco en el mercado. Óscar es Técnico Superior en Gestión y Organización de Empresas Agropecuarias y de Recursos Naturales y Paisajísticos y siente amor por su tierra. Es un claro defensor de la sostenibilidad y la innovación en nuestra producción, y con mucha humildad y sintiendo mucho orgullo de nuestro mundo rural, ha sabido explicar que somos pioneros en la producción de carne sin antibióticos y que nuestros animales viven en parques al aire libre con una calidad de vida fantástica que se traduce en una excelente calidad de la carne”, afirma Anna.

Alimentación vegetal, vitaminas y minerales

Granja Luisiana asegura que las auditorías del mundo agroalimentario certifican que la crianza de sus animales está libre de antibióticos, desde que nacen hasta que son sacrificados, que todos sus patos viven un mínimo de 70 días y que el tipo de su alimentación es vegetal con complementos vitamínicos y minerales (75% de cereales, de los cuales 50% es maíz).
Desde el año 2017 Alcampo comercializa la carne de pato de Granja Luisiana bajo la marca Alcampo Producción Controlada. “Alcampo es uno de nuestros clientes importantes, estamos muy orgullosos y tenemos mucha ilusión de potenciar nuestra relación comercial con una compañía como ellos, con la que sabemos que no tendremos por qué perder nunca nuestra esencia”, sostiene Giménez.

 

 

Artesanos de alimentos

“Alcampo ha entendido que somos artesanos de los alimentos, y que nunca hemos intentado vender humo, sino nuestra realidad fruto de nuestro esfuerzo. Queremos crecer, sí, pero sin desvirtuar nuestra filosofía y nuestra forma de criar y producir”, matiza.

“Granja Luisiana apuesta por una crianza que encaja con nuestra filosofía de ofrecer unas buenas condiciones a los animales, para que éstos gocen en todo su ciclo vital de una buena calidad de vida. Sus métodos productivos, sostenibles e innovadores, van en línea con lo que nosotros entendemos por productos de calidad y diferenciadores”, señala por su parte Ángel Milán, responsable de Compras de Carnicería de Alcampo, quien también destaca la inserción social y laboral de la empresa en su región.

Dinamizadores de empleo en área rural

Actualmente Granja Luisiana, que da trabajo a 15 personas -de las que el 60% son mujeres-, es una dinamizadora del empleo rural en su área de actuación y un motor de la inserción social y laboral de muchas de ellas. “Tenemos trabajadores de aquí, de Tarragona, y también de Rumanía e India que se han incorporado a nuestra empresa y han podido regularizar su situación”, explica Giménez.

“En Granja Luisiana -continúa- apostamos por la igualdad de condiciones por género y nacionalidad, por lo que nuestras retribuciones son exactamente iguales para hombres y mujeres y para personas de dentro o fuera de España”.

 

 

Solo carne, no foie

Todos esos empleados hacen posible que la compañía pueda asegurar su producción durante todo el año, pese a que el mayor pico de trabajo se registre en las semanas previas a la Navidad.

“Podríamos hacer foie y vender mucho en Navidades, pero no queremos”, sostiene. “Somos muy pocos los productores que en España trabajamos solo la carne de pato. La mayoría hacen el embuchado de pato para la producción de foie gras, nosotros no. Mientras que para ellos el valor del pato lo tiene el hígado, para nosotros lo tiene la carne, y eso se nota a la hora de criar y cuidar al animal”, apostilla.

Anna Giménez reitera que la filosofía de Granja Luisiana es la de “una crianza libre huyendo de las grandes producciones. No queremos abarcar más de lo que nuestros arrozales nos puedan permitir”. De ahí que su política de innovación esté unida, según nos cuenta, a “estrictos controles de biólogos y veterinarios para tener a su vez un estricto control de nuestra producción tanto en el matadero como en la sala de producto”, apunta.

Innovación y meticulosidad

“Toda la parte innovadora de la compañía se ha visto reforzada con la llegada de Óscar. Yo estoy a su lado, pero ya es él quien capitanea el proyecto. Óscar es meticuloso, cuida todos y cada uno de los detalles para comercializar todo lo que sale de nuestra explotación, le gusta mucho lo que hace y como me ocurre a mí, para él esto no es un trabajo, es una forma de vivir”, señala.

Dueña de una pequeña tienda en la que dispone de unas 50 referencias de sus productos de pato, Granja Luisiana conserva una pequeña producción de carne porcina, de esa división con la que su hermano y ella arrancaron el negocio y que luego ha dado lo que hoy es esta compañía.

 

 

Pasado, presente y futuro

“Cuando tuvimos que recuperar la casa y la granja de nuestros padres vivimos momentos muy dolorosos. Creo que eso nos cambió la vida, a ellos y a nosotros. Conseguimos que vieran que los esfuerzos de todos nos harían seguir caminando por el camino de la vida con la cabeza alta. Mi madre, que pudo verlo, falleció hace 12 años, y mi padre aún lo sigue viendo, y a sus 89 años ve cómo Granja Luisiana es un ejemplo de superación y de orgullo”, concluye.

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